Por una Sociedad Municipal de Deportes eficiente y sostenible…

Los anteriores responsables contrataron sin ningún tipo de criterios técnicos a un número excesivo de personas, sobredimensionando con ello la plantilla más allá de la viabilidad económica de la SMD.    ¿Por qué lo hicieron así?, y ¿por qué lo mantuvieron, siendo conocedores de las pérdidas económicas y del deterioro de las infraestructuras que esa gestión conllevaba?

Cuando el actual grupo de gobierno entró en el Ayuntamiento en junio de 2015, la situación de Sociedad Municipal de Deportes era de quiebra económica. Quiebra que había que evitar por todos los medios.

Desde el primer día de legislatura Ando Sataute consideró impensable dejar a nuestro municipio sin un Servicio de Deportes que fue ejemplar en sus comienzos. Al contrario, teníamos que salvarlo y situarlo en el nivel de calidad de sus inicios. Afortunadamente esta idea también era y es entendida como propia por todos los componentes del Gobierno Municipal

Además de este déficit económico nos enfrentamos con unas instalaciones cuyo deterioro ya venía siendo denunciado desde tiempo atrás por sus usuarios. Esta desidia en el mantenimiento de las instalaciones atentaba claramente a los mínimos estándares de calidad y seguridad que la atención a los usuarios requería. (Limpieza, agua caliente, fallos en las estructuras…).

¿Qué se debiera hacer?, nos preguntábamos.

Los auditores externos contratados por el Ayuntamiento para analizar las causas de la mala situación, tanto económica como de mantenimiento de la Sociedad, coinciden en sus análisis en que los anteriores gestores pretendían sostener unas instalaciones siendo los ingresos eran inferiores a los gastos. Y, aún así, menos se comprende como aumentaban los gastos en personal por encima de los estándares contrastados en instalaciones similares. Por tanto, y para evitar el cierre de las instalaciones y la consiguiente pérdida de los puestos de trabajo por parte de la totalidad de la plantilla, las únicas opciones eran sólo dos, dimensionar óptimamente la misma y gestionar nuevos recursos económicos para, en suma, mantener la oferta de un servicio a los ciudadanos con los máximos estándares de calidad, y así, no sólo atender con solvencia su demanda actual, sino aumentarla, de tal modo que su calidad lleve aparejada criterios de rentabilidad. No por ser público un servicio puede estar ajeno a este criterio de eficacia económica. Se trata de dinero de los contribuyentes y, evidentemente, no por ello podemos permitirnos ligerezas en su gestión.

Hoy a nadie le resulta satisfactorio pasar por un episodio de despidos laborales, podemos anunciar que ambas medidas están en marcha y que sus resultados podrán verse antes de la próxima Campaña de Verano.

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