Un lenguaje sin sexismo es posible

Loly Verde Trujillo  para Ando Sataute

En los últimos años, y a partir de la aprobación de la Ley Orgánica 3/2007 de 22 de marzo, para la Igualdad efectiva de mujeres y hombres, se están produciendo importantes avances en el ámbito social y legislativo que han propiciado cambios favorables para conseguir que la igualdad de oportunidades y de trato entre mujeres y hombres sea real y efectiva.

Usar un lenguaje no sexista y no androcéntrico es exigible para la coherencia y eficacia de las políticas de igualdad de las mujeres así como para la consecución de una educación y socialización igualitaria y democrática. A través del lenguaje, en estrecha relación con nuestros pensamientos, se nombra e interpreta la realidad en la que vivimos. Refleja lo que la sociedad es en cada momento. Los cambios que se van dando en la humanidad van creando nuevas formas de comunicación en virtud de lo que sus hablantes desean que sea la sociedad en la que viven.

Nombrando a las mujeres como titulares de sus propios actos, como ejercientes de profesiones, de obras, de ideas, no sólo estaremos reconociendo su papel en la sociedad sino creando modelos de referencia para otras mujeres, niñas y jóvenes que están formándose para construir su identidad. Las propuestas para evitar el sexismo en el lenguaje pretenden hacer reflexionar a la comunidad hablante sobre los valores y estereotipos que estamos usando y transmitiendo, sobre el mundo que estamos construyendo al nombrar a las personas y las cosas. Los cambios que se está produciendo en ambos sexos exigen una adecuación de la Lengua a fin de liberarla de estereotipos discriminatorios.

El sexismo lingüístico es el uso discriminatorio del lenguaje que se hace por razón de sexo como considera la lingüista Eulalia Lladró “el lenguaje no es sexista en si mismo, sí su utilización. Si se utiliza correctamente también puede contribuir a la igualdad y a visibilizar a la mujer”.

Una de las cuestiones más polémicas relacionadas con el sexismo lingüístico proviene de la confusión que se establece entre sexo y género gramatical. Mientras que el sexo es un rasgo biológico que poseen algunos seres vivos, el género gramatical es un rasgo inherente a determinados tipos de palabras, que sirve para clasificar los sustantivos en masculinos y femeninos y, en el caso de los adjetivos y determinantes, para establecer su concordancia.

El sistema lingüístico del castellano ofrece posibilidades para que no se produzca discriminación sexual en su uso. Existen múltiples recursos lingüísticos que no requieren desdoblar continuamente (que es lo que la mayoría entiende como solución al sexismo del lenguaje); se trata de utilizar estrategias y recursos que posee nuestra lengua y que no faltan ni a la gramática, ni contravienen el principio de economía del lenguaje, sino todo lo contrario, ya que la mayoría se caracterizan, precisamente, por su brevedad. No podemos olvidar que el principio fundamental del lenguaje es que la comunicación sea efectiva, por lo que, en el peor de los casos, siempre será preferible usar un término más a que el mensaje resulte equívoco y/o sexista y resolver sus dudas mediante la aportación de soluciones sencillas y no discriminatorias.

REGLAS DE USO DEL LENGUAJE NO SEXISTA

Utilizar un lenguaje igualitario y no excluyente permite visibilizar a las mujeres, rompiendo con estereotipos y prejuicios sexistas; por todo ello, es necesario modificar el enfoque androcéntrico de las expresiones, nombrando correctamente a mujeres y hombres.

Es perfectamente compatible el uso de las normas gramaticales y estilísticas con el uso no sexista de la lengua.

El uso innecesario o abusivo del masculino genérico es un obstáculo a la igualdad real entre mujeres y hombres porque oculta a las mujeres y produce ambigüedad, por lo que ha de evitarse su utilización en textos y documentos.

Para sustituir el masculino genérico se emplearán términos colectivos, abstractos o vocablos no marcados, perífrasis o metonimias. Cuando no produce ambigüedad, se puede omitir la referencia directa o bien utilizar infinitivos o pronombres.

Se utilizarán, siempre que sea posible, las denominaciones de cargos, profesiones y titulaciones en femenino, mediante el morfema de género y/o el artículo. Cuando su uso se haga en plural, se evitará la utilización del genérico masculino.

En los casos en los que el texto se refiera a quien posee la titularidad de una entidad, área o institución, el lenguaje se adecuará al masculino o al femenino en función de si se trata de un hombre o una mujer. Es importante recordar que la lengua castellana tiene marca de género por lo que los cargos ocupados por mujeres deben recogerse en femenino.

Los documentos administrativos deben dirigirse a la ciudadanía con fórmulas que nombren específicamente a las mujeres cuando se conoce su sexo. Cuando se desconoce quién será la persona destinataria, se usarán fórmulas que engloben a ambos sexos, evitando el uso del masculino genérico.

El uso de dobletes mediante barras queda limitado a los formularios de carácter abierto y a determinados encabezamientos, no utilizándose en ningún caso en otro tipo de redactados.

No se debe usar la “@”, que no es un signo lingüístico, sobre todo teniendo en cuenta la variedad de recursos que ofrece la lengua para evitar un uso no sexista del lenguaje.

Tradicionalmente, el género masculino precede siempre al femenino cuando hay mención expresa de ambos sexos. Se propone por ello que el masculino no siempre se anteponga al femenino, de modo que este último también pueda aparecer en primer lugar, o que se alterne con el masculino.

Algunos ejemplos de formas de utilizar el lenguaje desde la utilización sexista o no sexista.

EL ORDEN DE LA PALABRAS

Tal y como se menciona en las Reglas de uso del lenguaje no sexista, se observa en los documentos administrativos que el género masculino precede siempre al femenino cuando hay mención expresa de ambos sexos, lo que establece una relación de jerarquía inexistente.

Se propone por ello que el masculino no siempre se anteponga al femenino, de modo que este último también puede aparecer en primer lugar, o bien que se alterne con el masculino.

ELUDIR EL SUJETO, SUSTITUYÉNDOLO POR ESTRUCTURA CON “SE”.

Se puede omitir la referencia directa al sujeto sin que ello afecte al mensaje ni provoque ambigüedad recurriendo a varios procedimientos para reformular las carreras, profesiones, oficios y titulaciones.
El Instituto de la Mujer ha publicado un glosario de profesiones y oficios. Dado lo extenso de su contenido, adjuntamos el enlace a dicho vocabulario para la consulta y resolución de las dudas que surjan.

Desde 1995 existe una Orden del Ministerio de Educación y Ciencia de 22 de marzo (BOE de 28.03.1995) en la que se insta a reflejar en los títulos académicos oficiales el sexo de quiénes los obtienen.

DOCUMENTACIÓN

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