“Me hace daño la traición”

header-1445594766989-largeAntonio Morales                                                                               Presidente del Cabildo de Gran Canaria

Su vida está llena de gente, reuniones y compromisos, pero él es un esteta solitario que se alimenta del silencio y la reflexión. Ha publicado varios libros entre los que destacan Nos Faltan Luces. Reflexiones sobre un nuevo modelo energético y Tiempos difíciles. Apuntes para repensar la democracia. Licenciado en Geografía e Historia, especializado en Historia del Arte por la Universidad de La Laguna, esta entrevista es al hombre que se encuentra tras la mesa del despacho de la presidencia del Cabildo de Gran Canaria, vigilado por la atenta mirada de Galdós, un retrato que plasmó Sorolla al escritor que acusaba a sus contemporáneos de incapaces de describir la vida de su tiempo, lo mismo que Morales echa en falta, “esa defensa de los valores que debe esgrimir un individuo que pretende ser riguroso y libre”. Natural de Agüimes, municipio del que fue alcalde, su acento es dulce y apacible. Posiblemente, una de sus cualidades a la hora de enamorar. Veamos cómo siente.

¿A qué dedica el tiempo libre?

Cuando necesito relajarme meto las manos en la tierra. Encuentro placer casi terapéutico en la jardinería. Me da la posibilidad de hacer una comunión con la naturaleza.

Elvira Lindo dice de su marido Muñoz Molina que es “un hombre mirando a un manzano crecer”.

(Sonríe). Es que cuidar de un ser vivo como un árbol, flores o plantas tiene un resultado asombroso, ya que puedes ver los frutos del trabajo en el día a día. Luego, los fines de semana juego al pádel y monto en bicicleta pero, sobre todo, encuentro un inmenso placer en la lectura y en la escritura.

Una vida sencilla.

Es necesario llevar una vida ordenada y sencilla para acometer situaciones complejas.

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Antonio Morales, durante un momento de la entrevista.

¿Qué le hace daño?

(Se pone serio). La traición me hace mucho daño.

¿Todavía?

(Baja la mirada). Siempre. Es algo que me duele profundamente.

¿Qué más?

Ante la incapacidad para hacerle frente por ti mismo a un problema, me parece grave derivar la responsabilidad hacia los demás.

¿Qué es lo que más admira de las personas?

Su lealtad.

¿Qué pondría en valor?

El respeto a los mayores. La empatía. Debido a las modificaciones que se están produciendo en la forma de relacionarnos, los valores tradicionales se están transformando, están siendo sustituidos por otros basados en el individualismo. Se promueven corrientes de materialismo y consumismo que dejan a un lado el valor del ser humano. Como consecuencia, la gente vive en el conformismo bastándoles tener garantizada la supervivencia y la seguridad. Así las relaciones interpersonales se vuelven superficiales, carentes de compromiso. Y cuando tú hablas de ponerte en lugar del otro, te miran extrañados. Pues yo pongo en valor la educación entendida como formación en valores, como un elemento de socialización de convivencia y respeto a los demás.

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El presidente del Cabildo de Gran Canaria pone en valor el respeto a los mayores y la empatía.

Si tuviera una escoba, ¿cuántas cosas barrería?

(Suspira). Sobre todo barrería este sistema económico injusto que propicia una enorme desigualdad, cuya voracidad está acabando no sólo con la tierra sino con las personas.

Las sociedades de consumo giran en torno a realidades basura, dice Sánchez Tortosa.

Y están alejando a las personas del Humanismo. No es casualidad que desaparezca la Filosofía de la enseñanza. Tenemos estudiantes muy especializados en determinadas áreas que ignoran de todo lo demás. La universalidad del conocimiento está desapareciendo. Las Humanidades han sufrido legislatura tras legislatura los zarpazos de una enseñanza que cada vez privilegia más los saberes ‘prácticos’, cuando aprender a razonar elimina dogmatismos y fundamentalismos, cuando el ciudadano no debe perder esa capacidad para plantearse su sentido aventurero de la libertad.

¿Cuándo fue la última vez que lloró?

No lloro con frecuencia o de manera ostensible, pero sí que soy de emociones fáciles. Me emociono con mucha frecuencia y con cualquier cosa.

¿Por ejemplo?

A veces me sorprendo emocionado mientras leo una noticia, un libro, escuchando un testimonio o una canción. Otras veces es sólo una mirada, un detalle lo que hace que me conmueva. Cuando estás metido en una vorágine de trabajo como la que ahora tengo, de tanta responsabilidad, en la que ves día a día el sufrimiento de la gente, vives con la sensibilidad a flor de piel.

¿Y eso es bueno?

No sólo es bueno, sino que malo del político que no llora, que no es sensible ante el sufrimiento ajeno, que pierde esa perspectiva humana de las cosas, esa capacidad para sentir al otro.

A veces puede ser un escudo.

Entiendo que a veces sea una autodefensa. No todo el mundo responde igual ante una misma situación. Depende de la personalidad de cada uno y la manera de afrontar los problemas, pero sí es cierto que a veces, en el político se produce un alejamiento de la realidad que es perverso. La política no puede estar sólo para plantear soluciones materiales a los problemas. También está la ética, la moral, el tratar de entender al otro. Valores fundamentales para entender las dificultades y dale solución.

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A Morales le preocupa que la desaparición de la universalidad del conocimiento.

Se supone que la labor de un político es de servicio al ciudadano. ¿Quién lo enseñó a pensar en los demás?

Se dieron diversas circunstancias que despertaron en mí inquietudes sociales, que influyeron en lo que ahora soy. Una de ellas fue haber estudiado con los hermanos de La Salle, para quienes era un desafío el servicio educativo de los pobres, de defensa de los derechos de los niños y de educación para la justicia social.

¿Qué le enseñaron?

A pensar, a reflexionar, a ser crítico. Recuerdo que a los niños pobres nos hicieron poner en marcha un club que nosotros mismo administrábamos, en el que organizábamos iniciativas culturales que despertaron en nosotros la fascinación por el teatro, por el cine, por la literatura. Todo eso contribuyó a mi formación.

Entonces procede usted de una familia humilde.

Sí. Un ambiente familiar en el que había una inquietud latente por superar aquella situación.

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Confiesa que los hermanos de La Salle contribuyeron a su formación.

¿Qué libro no se cansa de leer?

Matar a un ruiseñor. En ella hay un código de honor y conducta que nos enseña la importancia de ser mejores personas.

Se enamoraría entonces de Scout Finch.

Desde mi punto de vista ella representa la imagen de ficción más inmortal del heroísmo racial, pero también me enamoré de su padre, Atticus Finch, modelo de integridad en el derecho. Hay una lección que le da a un personaje cuando le dice “nunca comprendes verdaderamente a una persona hasta que te metes en su piel y caminas en ella”.

Es que matar ruiseñores, que sólo cantan y no hacen daño, es un acto malvado.

Volvemos entonces al tema de la ética. La obra habla de la dignidad humana y el respeto por los otros, enseñanzas que son universales y básicas. Es una obra que muestra el coraje y la compasión, que da lecciones que ponderan la tolerancia y condenan los prejuicios. Es ese libro que todo adulto debería leer antes de morir.

¿Y una película?

Habla, mudita, dirigida por Gutiérrez Aragón. La película propone una reflexión sobre el lenguaje, sus limitaciones y carencias. Un profesor, estudioso del lenguaje, conoce a una pastora muda con una visión plana de la existencia, por la que se queda completamente fascinado.

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Quiso estudiar Periodismo, pero las becas no llegaron a tiempo.

¿Cuál es el período del arte que más le gusta?

Uy, es muy difícil contestar a esa pregunta. Todos los períodos tiene algo que conmueven, que te despiertan emociones. Sin embargo, el románico me gusta especialmente porque fue un estilo que agrupó a las diferentes opciones que se habían utilizado en la temprana Edad Media, como la romana, prerrománica, bizantina, germánica y árabe. Consiguió recetar un lenguaje coherente aplicado a todas las manifestaciones artísticas.

Entonces, habrá hecho la ruta del románico por España, ¿no?

Hice la ruta de los Pirineos hace dos años. Fue una experiencia maravillosa, pues discurre por espectaculares parajes, y ves cómo el hombre logró compenetrar arte y naturaleza. Es el caso de la ruta que yo hice te encuentras con un grupo de templos extraordinarios del siglos XI y XII, la Catedral de San Pedro de Jaca, o el Castillo de Loarre, la fortaleza románica mejor conservada de Europa.

¿Cree en Dios?

(Guarda silencio). Le contesto al terminar la entrevista, pero como cargo público no debo pronunciarme. Rechazo la utilización de Dios para hacer política, en cualquiera de las formas, como creyente o como ateo. Lo que sí le diré es que tengo una formación cristiana y, por tanto, mi educación está impregnada de esos valores, como es natural.

De no haber estudiado Historia, ¿qué habría estudiado?

Me matriculé para estudiar Periodismo, pero no me habían confirmado las becas y no tenía medios para irme a Madrid. Luego me dieron todas las becas pero ya había empezado Geografía e Historia.

¿Qué clase de periodista habría sido?

Habría hecho periodismo de investigación y denuncia. Me gustan los periodistas valientes. No entiendo otra clase de periodismo.

¿Habría sido un guerrero del antifaz?

Un Jesús Torbado, que obtuvo el Premio Alfaguara, por su novela Las corrupciones, o un Gabilondo, un Pedro Rodríguez, que murió muy joven. También me maravillo cuando veo periodistas que en plena crisis se remangan la camisa, arriesgan y abren un periódico digital. Siempre me digo que yo habría estado ahí trabajando con ellos, codo a codo.

Me suena cercano.

(Sonríe). Pues esa valentía es un grado.

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Al final de la entrevista, a grabadora cerrada, hablamos de Dios.

¿Cómo vive usted el tema de las redes sociales?

Representa por un lado lo peor de un sector de la sociedad, que se permite bajo el anonimato, descargar toda la ira y frustraciones. Y, por otro lado, es un instrumento de democracia en el que todo el mundo puede expresarse libremente.

Cuando acabe su mandato, sentiría haber fracaso si no consigue qué.

(Da un suspiro largo y profundo). Pues muchas cosas, a veces en política tienes que tender a relativizarlo todo. No puedes conseguir todo aquello que te propones, pero sí me sentiría fracasado si no lograra sentar las bases para un nuevo modelo económico y social para esta isla que rompa las desigualdades, si no dejara sólidos los cimientos para garantizar la soberanía energía del futuro, para dar paso a la soberanía alimentaria.

¿Está ilusionado?

Sin duda. A este trabajo hay que echarle muchas horas, mucho esfuerzo y mucha ilusión. Si no, no se puede sacar adelante. Ilusión que también necesito sentir en la gente que trabaja conmigo.

(Y al final de la entrevista, a grabadora cerrada, hablamos de Dios).

Ana Sharife

Fuente: Canarias en hora

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