Carta desde la distancia 6: Santa Brígida, un puedo y no quiero

ando color 100x100Carlos Fernández, desde Madrid, donde espera su ingreso como residente en el 12 de octubre

 

Hace unas semanas un grupo de amigos peninsulares vino de visita a Gran Canaria. Me prometí enseñarles con orgullo los lugares más hermosos y agradables de la isla. Quedaron encantados con el Valle de Agaete, la Villa de Moya, Tejeda, Artenara o las Dunas de Maspalomas. En cambio, cuando les mostré orgulloso el pueblo donde me crié, algunos lo calificaron de “feucho”, y otros, de muerto. ¿Acaso no tiene Santa Brígida los ingredientes necesarios para convertirse en un pueblo emblemático, rico, y atractivo para el turismo y el comercio?
Ya lo creo que si. A nuestro alcance tenemos el segundo palmeral de la isla, volcanes del último ciclo eruptivo como la Caldera de Bandama o la Caldera de Pino Santo, y paisajes fantásticos donde cualquier amante de la naturaleza podría darse un festín. ¿Qué falla para que nuestro pueblo, tan rico, no sea una referencia insular? Estoy convencido de que con la voluntad política adecuada e ilusión por poner en marcha un proyecto urbanístico atractivo y fucentro_comercial-santa_brigida-mamotreto_EDIIMA20140203_0722_13-2ncional, se podría acercar y promocionar nuestra riqueza al grueso de la ciudadanía. Lo que me parece inadmisible es que exista un cartel en la entrada del pueblo que grite “Santa Brígida, paraíso rural”, y 20 metros más adelante un gigante muerto de cemento ensucie nuestro patrimonio.26 pueblo santa brigida Porque el casco histórico de La Villa es francamente atractivo. Comercios familiares y calles peatonales para pasear invitan a invertir tiempo entre sus calles, pero echo de menos diponer de más espacios de ocio en los que los jóvenes (o no tan jóvenes) podamos sentarnos en una terraza o hacer jugar a nuestros hijos.
Si excavo en mi memoria y vuelvo a la infancia, Santa Brígida era un pueblo perfecto. Un niño podía explorar barrancos, jugar al fútbol, disfrutar del cole con sus vecinos y corretear sin peligro por nuestras calles. Éso era cuanto necesitaba. Pero con la edad uno pierde la inocencia, y las carencias de nuestro pueblo comienzan a aparecer. Santa Brígida tiene una peculiaridad, y es que en 24Km² hay 17 barrios. Y visitarlos no es fácil, o al menos, no todo lo fácil que debería ser. Queremos disminuir el número de coches en nuestras calles, pero a su vez, los necesitamos para desplazarnos entre los distintos barrios de nuestro pueblo. ¿Por qué no instaurar un sistema de transporte público local más eficiente? Si el sistema de guaguas fuese más cómodo de utilizar, con horarios adaptados a la demanda de pasajeros, y se aumentara el número de paradas, es posible que muchas personas pudiesen prescindir del coche en su día a día para desplazamientos cortos.
Con una Santa Brígida más funcional y atractiva, es probable que la tendencia de nuestros jóvenes a abandonarla no fuera la que es. Trabajo, ilusión y participación serán los ingredientes necesarios para empezar a andar en esa dirección, y redirigir el camino que está tomando nuestro municipio.

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Un pensamiento en “Carta desde la distancia 6: Santa Brígida, un puedo y no quiero”

  1. Nací en Santa Brígida si bien vivo desde niño en la Ciudad, pero sin olvidar mi pueblo que era lindo de verdad, hoy en día y desde hace años no es que esté muerto, es un cadáver que ya está putrefacto. No hay vida ni vecinal, social y no digamos económica pues lejos de crecer, muchos de los negocios han cerrado, el Mercadillo da pena verlo ya que prefiero ir a San Mateo, que aunque es feo con ganas tiene un dinamismo diferente y su mercado es muy dinámico y con costes más baratos que en mi pueblo. Me pregunto que hace ese mamotreto horroroso y sin terminar y que el Sr. Lucas Bravo prometió terminarlo que no es lo mismo que finalizarlo. Por último, no se lo que le pasa a los ciudadanos que los veo tan parados sin interés por nada, dándome la impresión que se ha convertido en otro pueblo dormitorio mas de Gran Canaria. Espero y deseo que despierten de ese letargo y cambie a ese pueblo que un día era la envidia por su belleza y dinamismo económico que desarrollaba.

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