Carta desde la distancia 1: el pueblo en el que el cemento se transforma en arte

ando color 100x100Delfín Sonntag. Ando Sataute. Desde La Laguna, donde estudia Escultura, Antropología y muchas otras cosas de difícil clasificación

       Tengo poco espacio y no sé qué dejar fuera de todo lo que viví en Santa Brígida, de lo que aprendí después, y de lo que vendría a transformar. ¡Es necesaria una síntesis! No tardaré más en decir que en Santa Brígida pase los años más felices de mDama duende.appi vida, y de todos los pueblos que he conocido por el mundo, sigue siendo el más bonito. Llegué a Gran Canaria de la Gomera con 11 años. Comparado con aquello, la isla rebosaba vida y cultura, el espíritu canarión no hubirera podido acogerme mejor, el grupo de gente con el que me relacioné, en retrospectiva, es una constelación de seres únicos y hermosos que no puedo evitar ver como algo casi mágico. Especial agradecimiento a quienes me dieron a conocer el teatro, y a aquellos con quienes compartí esa aventura.

      Decir alguna cosa negativa, también puedo. El trago más desagradable de mi época en Santa Brígida lo tengo claro. Hay unos muros horribles de ladrillos a medio construir, sucios, en un lugar por donde pasabamos cada día que salíamos a patinar, a pasear, a charlar, por donde pasan todos los chicos que suben del instituto. Así que un día, decidí ir a pintarlo y dejarlo bonito. A mi me gustaba mucho pintar muros en esa época. Pero aquello no cuadró. Aún hoy me viene la frustración. Después dmagia!e trabajar duro sobre los bocetos en color, redacté y envié el proyecto “Paredes Vivas” a la comunidad de vecinos, lo aprobaron y lo firmaron. Con mi papelito firmado, una escalera, y un montón de pintura, me planté allí con dos ayudantes y nos pusimos a trabajar, rebosantes de entusiasmo. No duramos mucho. Llegó la policía pidiendo el permiso para pintar ahí. Yo, tranquilo, le enseñé el papelito firmado. Y parece que no era suficiente el consentimiento directo de los vecinos. Teníamos que tener un permiso escrito del ayuntamiento, el representante de los ciudadanos. Qué mal chiste. A mí aún me duele. No supe hacer otra cosa que subir al ayuntamiento a contar lo que sucedía, lo más tranquilo que pude, aunque estaba muy agitado. Por supuesto, me miraron muy raro y me dijeron que no podían ayudarme. Aunque a muchos les pueda parecer un episodio intrascendente, para mí es síntoma de la mala comunicación que hay entre un pequeño ciudadano con buenas ideas e iniciativa y ese órgano de gobierno de la calle Nueva que parece un olimpo de otra dimensión. Parece que, impidiendo el posible contDSCN2227 (1)acto que se pueda establecer entre el ciudadano y sus gobernantes, se interpone un monstruo burocrático colosal, rígido, intransigente, frío y mudo. Qué bien hubiera quedado ese graffiti…

      El otro gran tumor del pueblo es material, y es evidente: el mamotreto. Llega un momento cuando vives ahí que dejas de verlo. Pero tiene un aspecto positivo. Hoy el mamotreto lo veo como una potencialidad absoluta. Un espacio céntrico y transformable. La elección de qué hacer con ese espacio todavía está abierta y en manos del pueblo.

        Se me pregunta qué mejoraría en el pueblo y las ideas y el entusiasmo se me agolpan en la garganta, y no me sale decir las cosas una por una. De entrada, veo clarísimo que el pueblo ya tiene un plus enorme y es su ubicación natural y sus palmeras. La convicción de que el flujo de la energía telúrica tiene un carácter propio e influye en las personas me hace ver a Santa Brígida como un lugar privilegiado. Unos kilómetros más arriba, en la cumbre, se encuentra un verdadero santuario natural. Esos roques realmente generan un chorro potente de buenas vibras de la naturaleza que baja por todos los barrancos, y especialmente por el guiniguada. No muchos son sensibles a esta comunicación con la Naturaleza. Si tuviera que elegir una palabra que dirigiera todas las transformaciones que le deseo a la sociedad sería: Comunicación. Menos categorías rígidas de estratos sociales, barreras más difusas y permeables entre los grupos sociales. Nada de espacios dirigidos a jóvenes y otros a viejos. Ganas de conocer cómo es la vida del otro y de aprender de él. En educación, involucrar al pueblo con el colegio y el instituto. Que los pequeños comercios y la gente que ha logrado abrirse camino por este mundo complejo sirvan como órganos de orientación a los estudiantes (¡Qué importante es orientarse!).”El pueblo educa” es una idea que ya está en marcha muy cerca. En Playa Santiago, La Gomera, un proyecto llamado “Naveguemos” saca a los niños de la escuela y los lleva por el pueblo a aprender sobre el mundo, en el mundo. Esto disuelve por momentos las barreras entre las aulas y la gente del pueblo. Me parece tan relevante que me planteo hacer un trabajo de campo sobre ello en un futuro. He empezado, por cierto, a estudiar antropología este curso. Lo combino con un fp de escultura.

      La idea es que toda la sociedad, y no solo los docentes se deben implicar en la educación de los que llegan. Esto me gustaría verlo en Santa Brígida. Ojalá lleguen las personas adecuadas para sacarlo adelante.

         La salud de la Comunicación entre los grupos de gente es algo que se puede incentivar desde arriba. Por cierto ¿Qué significa fomentar? Por su puesto, poner en marcha esa nueva dinámica no se logra incluyendo a modo de parche el concepto en el discurso político habitual, abriendo campañas para promover y pedir a los ciudadanos que comuniquen. Creo que es una cuestión de actitudes. Un gobernante debería encontrar las maneras de “tomarle el pulso” al pueblo. Su papel no es tanto decidir por la gente, sino saber escuchar qué hace falta. Al contrario de lo que muchos parecen pensar ¡la gente es sabia!

100_1009     Ojalá que al final un ayuntamiento simbolice no el epicentro burocrático y la representación de un Estado inmutable, sino el Núcleo social de la comunidad, su corazón. ¡Qué bonito sería ir al ayuntamiento a hacer política activamente! Devolverle el significado a lo que es hacer política.

      Si tuviese alguna oportunidad de opinar sobre cómo gestionar el presupuesto municipal, apostaría sin duda más por el crecimiento intelectual y menos por el material. Una vertiente importante y una consecuencia de la Comunicación es la difusión de ideas nuevas y renovadoras que circulan por el mundo y que pueden potencialmente cambiarlo, con la ayuda de órganos sociales que cuiden la salud del cuerpo de ideas y trabaje para darle fuerza. Habrá quien me pregunte ¿Pero tú crees que las ideas pueden cambiar el mundo? Yo respondo ¿Qué otra cosa puede? Las ideas son lo que nos gobierna. Hay que preguntarse: ¿Qué ideas nos gobiernan? Online hay un gran cuerpo de ideas poderosas. Está el problema de que la comunidad online, físicamente, está muy dispersa. Estoy asistiendo a un curso online sobre la noviolencia, y las bases científicas para subirse a un nuevo paradigma noviolento, aplicable a toda acción humana, de la universidad de Berkley, USA. Los vídeos tienen una media de 6.000 visitas. Pero no conozco a ninguna de las otras 5.999 personas que han visto el vídeo, no sé si ellos también están reconquistando su entusiasmo, y esto imposibilita formar un equipo para poner en práctica estas ideas. Otro proyecto interesante es, pues, sacar el internet del internet, y ponerlo a caminar por los pasillos del I.E.S. Los Olivos y por las calles del pueblo. Encarnar los movimientos interesantes que surgen en la red. Volviendo al presupuesto, pondría en el ayuntamiento un equipo de buscadores de ideas revolucionarias e invitaría al precursor o el representante de la idea a venir al pueblo a dar unas conferencias. Con el clima que tenemos ¿quién se negaría a venir? Esto me lleva al siguiente punto, que está también relacionado con la sociedad educadora, y es ofrecer becas a intelectuales y artistas que lleven a cabo una residencia en el municipio, para sacar adelante un proyecto y compartirlo con la comunidad. Esto lo hace, en la ciudad donde vivo ahora, La Laguna, el Teatro Leal, en el proyecto LEAL.LAV.

       Por último, quiero apuntar la importancia que me parece que tiene la vida en la calle. El pulso de un lugar se palpa en la calle. Las canarias tenemos un clima privilegiado, hay que aprovecharlo y estar afuera. Organizar festivales de teatro en la calle, de danza, de música, de circo (eso ya se está haciendo, ¡viva!), recuperar la jiribilla, llenar las calles de obras de arte con concursos de esculturas, de graffitis, de instalaciones temporales…

     ¿Volver a Santa Brígida? Suspiro. Es dificil decir. Soy joven y todo puede cambiar mucho. Un lugar donde pararme debe ser un lugar donde pueda sentirme pleno, desarrollarme, crecer. Y esto, solo, no se puede hacer. Casi todos mis amigos se han ido también. Si todos tuviéramos buenas razones para volver, vida cultural, oportunidades de crecer, dinámicas sociales que den el sentimiento de pertenencia, trabajo en equipo… sí, creo que volvería.

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