Christen Smith

Otra Mirada. Viajeros en Santa Brígidaando color

José Luis Domínguez. Ando Sataute

 

(Agradecemos a la profesora satauteña María del Pino Rodríguez Socorro su amabilidad al facilitarnos estos textos, compilados como fruto de sus investigaciones, que nos han permitido presentar esta serie que ahora iniciamos).

Christen Smith fue un médico y botánico noruego. Su amistad con el geólogo alemán Von Buch lo animó a emprender, en 1815 y junto con éste, una expedición científica a Canarias, con la intención de estudiar su flora. Posteriormente moriría en una expedición a África, al adquirir una infección en el río Congo.

Fotografía: FEDAC

 

…….El día 1 de julio. El Sr. Money vino con nosotros tierra adentro hasta Bandama. El camino, al igual que todos los de la isla, mejor que los de Tenerife, recorre la loma de una colina gris-blanca, en cuyo extremo se encuentra una parte de la ciudad, con dos brazos que suben por los valles aledaños: el de más al norte dispone de un camino casi todo él construido que se prolonga cerca de dos leguas desde Vega [de Santa Brígida]. Por el otro lado comienzan a verse colinas de lapilli, gran parte de las cuales estaban en otros tiempos cubiertas de Pistacea terebinthus [Pistacea lentiscos, lentisco y P. atlantica, almácigo], y recientemente plantadas con viña. Un alto pico cónico se eleva sobre el resto y forma el lado Noreste de la Caldera de Bandama, a la que pudimos ver, desde la cúspide de aquél, como un tazón ahuecado con viña, frutales y casas hasta el fondo. Bajamos luego desde allí y nos enteramos con asombro de que produce anualmente de 40 a 50 pipas de vino. Apagamos la sed con espléndidas uvas y moras, y disfrutamos un rato con la vista de las extrañas concavidades, que por uno de los lados no han colapsado como ocurre en general en las calderas, sino que se conectan por completo entre sí.

El día 4. Recorremos el valle más al sur de la ciudad hacia arriba hacia Vega. […]Subimos a una cima alta, desde la cual se avistaba hasta San Mateo, donde el valle se ensancha en una fértil concavidad regular. Todo el valle está regado por un gran arroyo, una rareza en estas regiones. En un punto las rocas confluyen formando como una estrecha puerta. Las numerosas cuevas de sus paredes sirven de vivienda a gran cantidad de personas, lo que es muy normal en el lugar. En Atalaya, a la que vimos desde la cumbre de Bandama, viven de este modo 2000 personas en una montaña.

… El día 14 con Anstin [Austin] hasta la Caldera de Bandama, cuya imponente concavidad nunca nos cansamos de admirar. Desde allí, ascendimos hasta las cuevas de La Atalaya, donde nos llevamos la sorpresa de ver una ciudad sin casas, 2000 personas en una montaña. Los agujeros, unos por encima de los otros, estaban esculpidos en la toba de piedra pómez en varias terrazas, a veces en filas, como una calle. Al otro lado hay terrazas hay terrazas cultivadas con papas etc., siendo en efecto, único en su género en el mundo. Los habitantes viven sobre todo de la alfarería, y la cuerda y de hacer cinchas de agave [pitera]. Veintena de niños andrajosos nos siguieron al grito de “quartillo”. También decidimos llegar hasta el conocido agujero donde los guanches arrojaron a los curas españoles, pero era demasiado tarde.

 

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